El olvido y los milagros
La irritabilidad llega cuando me doy cuenta que no me había dado cuenta, o es que mi mente olvidadiza, con sus formas tan extrañas, había enterrado información tan importante que después cambió todo pensando que la realidad había sido otra, hasta que al indagar uno toma conciencia de lo que en realidad pasó, y cuando eso sucede, es muy duro enfrentar la realidad, pues esa realidad no se podia ver claramente.
Es como si un velo de ignorancia creara que la mente estuviera cegada ante la más cruel y cruda verdad y al mismo tiempo, la más hermosa. El amor. Pero cuando el miedo, la poca paciencia, el miedo al dolor, lo transgeneracional y el poco confiar en uno mismo, generaran una respuesta tan equivocada que eventualmente al pasar el tiempo y volteando atrás, se pueda vislumbrar todo desde nuevos ojos y uno pueda decir finalmente “como la he cagado, me he equivocado y ahora lo veo…”
Frente a este dolor latente que surge en el pecho, que se enreda en la mente y que genera lluvia en los ojos, no queda más que sostenerlo y al mismo tiempo soltarlo. Pero gracias a las palabras sabias de alguna mujer cercana, esa situación, tan dolorosa, pueda verse de una forma tan distinta: “no existía energía para algo más”, “así tenía que ser”, “si no hubiera pasado eso, entonces eso no habría tenido cabida”.
Uno no se da cuenta de cómo las grandes decisiones en la vida, que en su momento fueron tan importantes, pueden eventualmente resonar eternamente. Pero las grandes lecciones y el reconocer el camino puede ayudar a aligerar el peso de la mente y el corazón. Reconociendo que ayuda el pensar y sentir que eso tenía que ser así, donde uno tenía que vivir lo que vivió, para aprender lo que aprendió y así, poder ver las cosas en el momento presente, de una forma tan pero tan distinta y entonces, decidir diferente, con otra mente, con otro corazón, con otra libertad. Pues el camino que se ha recorrido no solo ha sido de aprendizaje, de disfrute, de sufrimiento, de lo que sea que haya sido, sino que también ha sido de liberar cadenas transgeneracionales que eran esenciales liberar.
Las cadenas se van rompiendo, el linaje se transforma, y ahí es cuando en verdad uno puede hacerlo diferente, donde uno comprende en carne propia lo vivido por lo ancestral, y entonces permitirse conscientemente hacer lo diferente, hacer lo libre, hacer lo propio y por fin dejar de lado la culpa y escuchar el corazón. Pues hay que reconocer que en verdad esa culpa es solo la ignorancia de la mente que llora por lo nublado, por el pensar que pudo hacerlo diferente y del dolor que pudo haber generado en aquellas almas queridas.
Dentro de todo este “detox” de la mente, al recordar, uno puede entender más todo; comenzando con uno mismo y por supuesto también al otro. Y además, optar por entrar en el drama, o por lo contrario, en la energía de la esperanza, de la cura, del milagro. Creer que las cosas pueden mejorar, que los sueños pueden cumplirse y que la lección, por más dura que fuese, puede sorpresivamente cambiar, transformarse y mostrarse como las flores y frutos más hermosos y deliciosos que renacieron de un gran árbol que ha crecido del abono del pasado.
Uno no sabe lo que se puede encontrar en el jardín de la vida, pero hay que dejarnos sorprender, pues solo ahí puede que surjan las más sorprendentes verdades, solo ahí lo inimaginable se vuelve real, solo ahí es cuando todas las posibilidades se hacen visibles.
Ante esta gran verdad donde nada es imposible, me gusta recordar a todas esas personas que en su momento les llamaron “locos” por tener unas ideas tan revolucionarias, tan futuristas, tan ”poco probables”. Esos seres me recuerdan que todo es posible, que todo es probable, que todo puede volverse realidad.
Así confirmo y reafirmo que los milagros existen y que así también el mío ya es realidad.
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