Edward Bach - Flores que transforman vidas

En la vida se encuentran las respuestas.

Se dice que es como un espiral que gira hacia arriba, trascendiendo y modificándose en cada momento. Lo cierto es, que uno puede decidir como ir pasando por ese espiral. El ser humano cuenta con un cuerpo, una mente, emociones y el alma espiritual que está viviendo la experiencia humana. 

La ciencia ha logrado hacer cosas que en tiempos pasados se pensaban sueños irreales, ella ha sido una gran bendición para todos los ojos, pues gracias a ello nos damos cuenta que no existe eso de "imposible". 

Desde la antigüedad existen conocimientos que por alguna extraña razón, solo han llegado a los más sabios y antiguos de las tribus. Fuera como si esos conocimientos al llegar a manos erróneas corrieran el riesgo de mal-usarse. O fuera como si ese conocimiento al llegar a todos creara una transformación y funcionara para erradicar cualquier intención de esclavitud. 

Estos conocimientos que sólo llegaba a unos pocos, se han ido expandiendo a través del mundo. Con esto es, que conocimientos de indígenas de algún territorio y continente, están llegando a personas de otros territorios, culturas y continentes. 

Ahora recuerdo a amistades con las que he estado interactuando últimamente, entre estos, hay un ente que me comentaba lo agradecido que se sentía y lo afortunado por ser una de esas personas a las que le ha llegado el conocimiento, pues a muy pocos les llega a pesar de que seamos tantos, yo preguntaba si realmente eso creía, y me decía que si, que era algo seguro para su percepción. No se si seamos pocos o no, pero lo que si se es que el grupo de personas con los que interactúo son maravillosas, pero o solo los que saben de esto, por supuesto ellos buscan su propia sanación con la finalidad de ayudar a todos. Pero hay quienes tienen otra función en mi vida, y estoy igual de agradecida. Hay quienes quizá no estén buscando ayudar a los demás (o quizá no de manera tan explícita), pero hay otro tipo de maestría que comparten. 

Aunque si o no, la maestría de cada uno es perfecta y más perfecto es cuando te das cuenta del tipo de maestro que estás siendo, pues hay muchos. 


A continuación les dejo textualmente parte de lo que ha escrito en una conferencia Edward Bach en Southport, lo he dejado textual para que guarde su esencia floral. Que lo disfruten leyéndolo en su plenitud. 





Sois Víctimas de Vosotros Mismos, Dr. Edward Bach
(Conferencia en Southport, febrero de 1931)
Quizá la lección más grande de la vida es la de aprender a tener libertad. Libertad respecto a las circunstancias que nos rodean, frente a nuestro ambiente cotidiano, frente a otras personalidades y frente a nosotros mismos, ya que en tanto no seamos libres no podremos estar en situación de darnos totalmente y de servir a nuestros semejantes.


Analicemos ahora si somos víctimas de una enfermedad o cualquier otra dificultad, si nos vemos rodeados de personas o de amigos que nos molestan, si vivimos con personas que nos dominan y nos ordenan, que se inmiscuyen en nuestros planes o que impiden nuestro desarrollo. Nosotros mismos somos los responsables de ello. El motivo de todo esto es que, dentro de nosotros, existe una tendencia que obstaculiza la libertad del otro, o bien nos falta el valor de reafirmarnos en nuestra propia individualidad y re reivindicar nuestro derecho a nacer.




En el momento en el que hayamos dado una completa libertad a todos nuestros semejantes, cuando ya no sintamos el deseo de unir otras personas a nosotros y de limitarlas, cuando nuestro único pensamiento consista en dar y no en tomar, entonces, en ese momento, seremos verdaderamente libres. Nuestras ataduras caerán y romperemos las cadenas y, por primera vez en nuestra vida, sabremos de la extraordinaria alegría que proporciona la libertad absoluta. Liberados de todas las limitaciones humanas, serviremos diligentemente y llenos de alegría sólo a nuestro más elevado yo.



El ansia de poder se ha desarrollado tanto en el mundo occidental, que hace necesaria la aparición de graves enfermedades antes de que la persona afectada pueda reconocer su equivocación y corregir su comportamiento. Y, según la intención con la que dominemos a nuestros semejantes, debemos de padecer en tanto que lo que nos hayamos atribuido no le competa al ser humano.



La libertad completa es nuestro derecho de nacimiento, y solamente la podemos alcanzar cuando le concedamos esa libertad a cada alma viva que se nos cruce en nuestro camino, puesto que, en verdad, recogemos lo que sembramos, tal y como dice el dicho: El que no siembra no recoge.



Al igual que irrumpimos en la vida de otra persona, ya sea joven o mayor, eso debe de tener repercusiones en nosotros. Cuando limitamos sus actividades, de alguna manera podemos comprobar que nuestro cuerpo se ve también limitado por una especie de rigidez. Sí, además, les proporcionamos dolor y padecimiento, entonces debemos estar preparados para padecer lo mismo hasta que nos hayamos enmendado. Y no existe ninguna enfermedad, ni siquiera una ten grave, que no sea necesaria para examinar nuestras actuaciones y modificar nuestro comportamiento.



Aquellos de ustedes que padezcan bajo el dominio de otras personas, pueden adquirir un nuevo valor, ya que eso significa que se ha logrado un paso más en su desarrollo, en el que se le imparte la lección de cómo volver a recuperar su libertad. Y, exactamente, el dolor y padecimiento que se soporta es la lección que les permitirá poder corregir sus propias equivocaciones. Y, tan pronto como hayan reconocido estos errores y los hayan corregido, desaparecerán las dificultades.



Para poder llevar esto a cabo, se deben practicar grandes bondades. No se puede, jamás, herir a otra persona a través de un pensamiento, una palabra o un hecho. Pensemos que todas las personas trabajan en su propia liberación, yendo por la vida aprendiendo las lecciones que les son necesarias para la perfección de su propia alma. Esto lo deben hacer para ellos mismos. Deben tener sus propias experiencias, reconocer las trampas de la vida y, a través de sus propias fuerzas, encontrar el camino que conduce a la cumbre. Lo más maravilloso que podemos hacer, ahora que poseemos un poco más de conocimiento y experiencia que nuestros jóvenes, es conducirlos suavemente. Si nos prestan atención, estupendo. En caso contrario, debemos esperar hasta que hayan tenido otras experiencias que deben hacerles conscientes de sus emociones y, entonces, quizás se dirijan de nuevo a nosotros.



Deberíamos aspirar a ser útiles de manera bondadosa, tranquila y paciente, a movernos entre nuestros semejantes como un soplo de viento o un rayo de sol. Tendríamos que estar siempre preparados para ayudar cuando nos lo pidan, pero nunca debemos imponerles nuestros puntos de vista

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