El Sabio Sapo
Bufando vamos, creando espacios para abrir el corazón y la mente, vamos silbando y sacando sonidos. Entrando a una nueva percepción, a una nueva dimensión.
Un día una mujer fue a verlo, a ella le habían hablado de ese sapo sabio, que podía sanar el corazón y ayudarle a ver la vida con los colores, pues ella estaba pasando por un proceso difícil en su vida.
Cuando llegó al lugar, había un duende ya esperándola. El duende la comenzó a guiar por el camino, entre plantas y piedras gigantes hasta llegar a un lago rodeado de grandes árboles y bichos.
El sapo apareció de unos arbustos y saltó sobre una roca como si quisiera observarla mejor, el duende le dijo a la mujer que para poder escuchar el idioma del sapo debía sumergirse bajo el agua para poder entenderlo.
Así que con todo y el miedo que ella sentía por sumergirse bajo el agua y perder el "control" de la situación decidió hacerlo, esperanzada de por fin encontrar un camino de vuelta a ella misma.
La sensación fué rápida, de un momento a otro ya estaba debajo del agua, toda mojada y sintiéndose vulnerable. Comenzó a tener miedo, a cuestionarse por qué estaba haciendo eso, por qué estaba allí... el sapo sabio comenzó a nadar al rededor de ella, mareándola un poco, el sapo se movía como si estuviera haciéndole una especie de curación pero sin decir nada.
El duede desde afuera del agua y con una rama en la mano comenzó a mover las aguas para limpiar al rededor de la mujer, para quitarle sus miedos y que ella pudiera ver y escuchar con mayor claridad al sapo.
La mujer comenzó a ver hacia fuera del agua mientras el duende hacía una especie de baile y su curiosidad aumentó al ver que su cara se transformaba en otras caras, una y otra vez, constantemente. Era como si pudiera ver todas las caras por las que había pasado el duende antes de llegar a la vida que ahora tenía.
El duende le decia a la mujer que soltara el control, que se relajara, que fluyera. Y la mujer se dió cuenta que le estaba costando mucho trabajo hacerlo.
De repente la mujer comenzó a sentir culpa, mucha culpa de estar ahi, pero era una culpa tan profunda que sentía que venía de muy dentro, quizás de otras vidas, quizás de su linaje, quizás de esa misma vida y de sus decisiones que sentía erróneas, quizás todo eso a la vez.
El sapo le estaba mostrando a la mujer que parte del problema que tenía, era por sentir culpa dentro, culpa que ella no había visto, que no se había dado cuenta que existía.
De un momento a otro la mujer comenzó a llorar, comenzó a sollozar como si fuera una recién nacida, llorando con tanta profundiad, que nisiquiera se cuestionó cómo podía llorar de esa forma estando bajo el agua. Era como si muchas mujeres lloraran a través de ella, sentía que lloraba por todas las mujeres de su familia que no habían llorado esa culpa, todas las vidas de ella misma que no había llorado de verdad, desde lo más profundo y real que existía dentro de ella. Lloraba por una culpa que no entendía.
Poco a poco su llanto se fue secando, el sapo seguía observándola, esta vez ya en calma sin moverse casi. El duende afuera había encendido una fogata.
La mujer ahora contemplaba la calma, un estado de presencia que era muy interesante. Sentía que podía ver las cosas de su alrededor con más profundidad, y al mismo tiempo como si tuvieran vida propia. Una pared de piedra le parecía verla danzar.
Ella drenada pero en calma iba saliendo del agua y al ver al duende comenzó a tener pensamientos juzgones y preguntas sobre el trabajo que hacía y como es que había llegado y decidido ayudarle al sapo, todas esas preguntas que le llegaban se le quería decir al duende y se las dijo, sin filtros sin nada de pelos en la lengua. Esto era algo nuevo para ella, porque solía quedarse callada.
Ante tales preguntas ambigüas y juzgonas, el duende se reía y con una gran sonrisa le respondía a la mujer. El no tenía pelos en la lengua y parecía estar disfrutando ver a la mujer abrirse tal cual sin más.
La mujer inspirada en el duende y su buen humor fue dejando pasar las nuevas preguntas que le venían a su mente y prefirió contemplar la calma, observar el fuego y entrar en el silencio.
Cuando ya se encontraba completamente seca despues de haber salido del agua, sabía que era tiempo de partir. El duende le dijo que le seguirían llegando respuestas, que los próximos tres meses seguiría limpiándose, sanando y conectando con ella misma y que se sentiría muy bien después de ese gran chapuzón.
El sapo ya se había ido de allí, su misión estaba cumplida.
La mujer les agradeció a ellos y al lugar mágico en donde estaba, así que con calma y agradecimiento se fue. Sentía una sensación de calma y claridad, era como que había sacado cosas tan profundas, llantos tan antiguos que le hacían pensar de nuevo si todo ese llanto era sólo de ella, o si había llorado por todas las mujeres de sus vidas.
Días después, ella fue entendiendo con más claridad el idioma del sapo, comprendió que tenía que seguir "limpiando" su mente con meditacion y prácticas que le ayudaran a amarse a si misma, porque sabía que aquellas preguntas juzgonas que le hizo al duende, eran hacia ella misma.
Reflexionó sobre la culpa, y se dió cuenta que la culpa no existía, puesto que cada uno le otorga su significado, su peso, su valor y su deshonra. Comenzó a mirar la culpa como algo creado por el humano para limitarse a si mismo, para restarse valor y fuerza, para creer que se ha hecho algo malo cuando en realidad nisiquiera haya sido asi.
El sapo le vino a mostrar la culpa, le ayudo a limpiarse de ella, le ayudo a verse a si misma sin culpa, con libertad, con claridad y con una llama dentro que le impulsaba a acercarse a las personas que eran importantes para ella, sin culpa, desde el amor, ese sentir que venía de lo más profundo de su corazón.
Comenzó a tener muchas ganas de acercarse a quienes la nutrían, la inspiraban, la hacían sentir amor y alegría.
Una respuesta más le llegó, pues se dió cuenta que el control también la estaba devilitando, se vio a si misma conectando con la fluidez, con soltarse en la vida y jugar más con ella misma. Recordó que venimos a divertirnos y jugar, a crear cosas bonitas y pasarlo genial.
Poco tiempo después, comenzó a reencontrarse con personas que eran muy importantes para ella y que hacía mucho no sabía de sus vidas. Ella lo tenia claro, quería vivir su vida con relaciones que le gustaran, quería compartir su tiempo con personas que amaba y eso estaba resignificando su vida.
Por fin estaba sintiendo su camino de regreso a ella misma. Estaba conectando con la coherencia de su corazón, actuando desde allí y dejando a un lado la voz juzgona, el querer controlar las cosas para que todo saliera "bien" y a moverse en libertad.
Por fin la mujer se sentía libre de ser quien era, de hablar y actuar desde su verdad, desde su corazón. Allí se reencontró con su camino espiritual, allí reconectó con su familia cósmica y con su misión de vida.
La mujer no sabe si algún día regresará con el sabio sapo, pero lo que si es seguro, es que siempre le estará agradecida por su ayuda.


Comentarios
Publicar un comentario