Cactus Sagrado



El chaman, marakame, es llamado Otakame. En mi vida he conocido muchos marakames, pero ninguno como este, tan joven, tan vivo, lleno de historias para compartir y chistes constantes para hacer reír, incluso con la fortuna de viajar ahora con su compañera, una europea que poco habla el español, pero que de alguna mística forma, ellos se comunican y así se acompañan en este viaje de entregar medicina a diferentes grupos, en todo el mundo. Otakame es de una comunidad Wixárika (huichol) del norte de Jalisco en México, se llama San Andrés Cohamiata. 

A ceremonia de hikuri solo había ido a una, hace algunos años y la sentí y viví completamente diferente. Esta ceremonia que recientemente viví fue muy especial, muy bonita y te contaré de ella. Así de paso, queda escrita mi memoria. 

Aunque ya había tenido la oportunidad de conocer a esta planta sagrada llamada hikuri, las circunstancias habían sido diferentes, aunque igualmente bonitas y reveladoras. Esta planta es un cactus del desierto de México y crece en ciertos lugares bajo específicas circunstancias. 

Muchos han hablado de el, pero no todos se han adentrado en sus misterios, su medicina, la cual tiene que ser consumida con respeto, evitando mezclarla con plantas o alimentos que no combinen bien. De preferencia hay que haber hecho cierto ayuno, para que el estómago esté limpio y pueda recibir con mayor facilidad lo que este cactus lleva dentro. 

Esta historia comienza en un avión y la platicaré porque me encantan las sincronías en la vida, además creo que contarlas ayuda al espectador a observar sus propias sincronías.

Yo tenía un viaje, y al llegar al aeropuerto, por causa de un vuelo sobrevendido me lo cambiaron a varias horas después. Cuando por fin tomé mi vuelo, me di cuenta que para mi suerte me tocó asiento en ventanilla y a mi lado llegaron una señora a un señor que se notaban eran muy buena onda, platicando con los demás viajeros y haciendo chistes, ella se sentó a mi lado y noté que tenía pulseras de piedras y anillos de los que me gustan. Yo estaba en lo mío, leyendo y escribiendo cosas. Entre dormida y despierta escuchaba sus pláticas, hablaban de si lograrían llegar a la ceremonia, pues tenían que trasladarse a otro vuelo ya que en el que viajábamos llegaría a un lugar y al parecer tenían conexión, igual que yo… 

Así fue como empezamos a hablar un poco, así que les pregunté sobre a dónde iban; “a Tijuana”, me dijeron; "yo también", les dije… después les pregunté sobre a qué ceremonia irían; “de hikuri” me respondieron; les comenté que yo estaba sintiendo el llamado de ir a una. Me dijeron que esa ceremonia era esa noche cerca de Tijuana con Otakame, noté que les emocionaba que fuera con él y a mi me dió la sensación de haber escuchado ya el nombre de ese marakmae antes. Les pregunté si habría más fechas y me dijeron que si, me dijeron que habría en la ciudad donde yo vivo y eso me emocionó… intercambiamos números y con eso me pasarían la información. 

Mi camino se abrió por completo para asistir, todo se acomodó para ir, siento que realmente era algo que mi ser requería hacer. 

Al llegar a la ceremonia vi ya a tatewari (el abuelo fuego) encendido en el centro. Varias personas habían llegado y estaban acomodadas, comenzando a crear un círculo al rededor del fuego. "Me siento como en casa" pensé, y realmente no se de dónde venía esa sensación, así que naturalmente me sentía muy agradecida de estar ahí. Lo más curioso de todo es que comencé a sentir una sensación de estar ya en medicina, es como si mi cuerpo y su memoria ya estuvieran conectando con la medicina. 

Otakame nos explicó la ceremonia, nos habló de los 2 altares que había en el círculo y nos dijo la dinámica que habría para comer la medicina. De repente pidió ayuda a 4 voluntarios para la ceremonia; sentí el llamado de ir. Me había quitado mis botas, pero sentía ese impulso de ponérmelas e ir a ayudar, era muy claro. Quería correr, pero fui paciente y espere un poco para ver si alguien más quería ir... ya habían 2 hombres y una mujer. Pensé que en lo que me ponía las botas si alguien más quería ser voluntaria, estaba bien, pero si nadie llegaba yo iría. Así termine de abrocharlas, me levanté y me dirigí cerca del fuego donde estaban Otakame y los otros 3 voluntarios. Así nos otorgó los cargos de esa noche: los hombres se encargarían del fuego y la fruta, nosotras las mujeres de servir agua y cacao. 

Me sentía contenta de estar participando en la ceremonia como voluntaria, sentí el llamado tan natural que nunca dude, me sentía como en casa. 

Cada una de las rondas eran deliciosas, entre música, buena onda y medicina... además porque el hikuri lo podías tomar de forma muy sabrosa, pero tu elegías, podías tomarlo solo, con agua, o mezclarlo con una bebida de cacao que estaba deliciosa, así como con fruta, pues le podías espolvorear la medicina y comértelo como si fuera tajín (un chilito típico de México), había sandía, cerezas, fresas, plátano, manzana... muchas frutas deliciosas que hacían que la medicina supiera muy bien, muy dulce.

Comencé con cacao y de un gran trago le di la bienvenida, así comenzó mi primer ronda. Mi ser la reconoció al instante, aunque la sentí bien, también tuve mi momento de sacarlo todo (algo que es bastante normal con el tema de plantas medicinales), después sentí un gran alivio. "Si uno vomita es que está enfermo y tiene cosas que sacar" dijo el Marakame, y así varios soltaron mucho. 

Al reconocer la medicina me percaté de un tipo enraizamiento y claridad... silencio del ego, algo así como la mente sin mente, conectando más fácilmente con el observador. 

Ayudó que durante cada ronda había música; una sonaja y tambor de agua acompañaban a los cantantes en el círculo aquella noche. Un hombre del camino rojo pasaba con quien quería cantar, les daba la sonaja y los acompañaba con el tambor de agua; Que por cierto, suena muy bonito. 

El sonido era tan nítido, algo que la medicina sentí me intensificó fue el oído. Sentía mucha claridad en el sonido. Cuántas voces y cantos tan distintos, cada quien tenía algo para compartir, cada uno entregó algo de sí, su canto, su servicio, su música. Su sonido interno lo entregó al círculo, al fuego... permitiendo que la medicina también se abriera, que el corazón se abriera y la voz saliera. 

Cuando Otakame cantaba, era muy hermoso, un reencuentro entre el pasado y el presente. Un agradecimiento de estar aquí, compartiendo y poder estar presenciando a este maestro que comparte esta medicina "yo no hago nada dije, quien cura es el hikuri". 

Mi viaje se relacionó sobre todo con el servicio: lo que cada quien trae para dar, reconociendo que todo sirve, que todo tiene su cauce, que todo tiene su magia y su medicina. 

Y así llegó a mi esta reflexión, que fue más que nada una reconfirmación de lo que ya se, pero desde un aspecto que lo sentí con mucha profundidad: El agua sirve para muchas cosas, para nutrir, para limpiar, para sanar, para compartir, para hidratar, para combinar, el agua es medicina. La tierra nos da fuerza, firmeza, da y recibe, crea, la tierra nos da alimento. El fuego nos da calor, transforma, da energía, da inspiración, crea conexión, sirve para cocinar, sirve para muchas cosas. El aire nos da aliento, nos da empuje, nos hidrata, nos mantiene despiertos, nos acaricia, el aire nos mueve. Todo tiene su función. Cada uno tiene sus virtudes, dones, habilidades. Cada uno tiene su propio llamado y ahí es donde hay que escuchar, ahí está la respuesta. El servicio de cada uno se encuentra en ese llamado y en lo que toca en el momento, en lo que toca compartir, servir. Escuchar el llamado.

En la última ronda comí sandía con hikuri y fue delicioso. Realmente esta ceremonia la disfruté muchísimo, además de haberme gustadoo mucho la forma de tomar la medicina, fue una experiencia muy bella, en todos los sentidos... donde canté, bailé, disfruté, compartí, aprendí, conecté con gente muy bella, conecté con mi fuerza, entrega, servicio... la medicina me conectó con cosas que siento no puedo explicar. Aquí reafirmé que esto me gusta, que hay algo en esto que me hace sentir "en casa".

Me sigo sorprendiendo de las ceremonias y a dónde nos llevan. 

Me sigo sorprendiendo de las plantas y a dónde nos llevan.

Me sigo sorprendiendo de la tradición y su sabiduría.

Me sigo sorprendiendo de la sincronía en el día a día.

Me sigo sorprendiendo de lo que sucede al escuchar el llamado.

Me sigo sorprendiendo de mi canto que continúa abriéndose más y más.

Me sigo sorprendiendo de lo que brinda el conectar con otras personas. 

Me sigo sorprendiendo de la medicina de los elementos, sobre todo la del agua, que ha estado muy presente en m vida últimamente. 

Agradezco por hoy, agradezco por ayer, agradezco por mañana.

Gracias, gracias, gracias.

Iyari Waneika 

Aho! 

Pamparios 


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