Canalización entre cantos
Recuerdo de pequeña una de varias veces quizás, que le decía a mi madre sobre mis ganas de ser cantante. También me llamaba la actuación, pero en esa época no hubo el apoyo para estudiar esas artes que me interesaban, ninguno de mis padres tomaban enserio esas ganas que sentía.
Recuerdo cuando le decía a mi madre que quería ser cantante y su constante respuesta de “cantas bonito, pero no asi… normalita”. Ella se refería a que mi voz no era contralto, mezzosoprano ni soprano. Yo le decía que con clases seguramente podría mejorar y desarrollar mi voz, pero ella seguía con la idea que era un don con el que la gente nacía para poder llegar a tener una voz de cantante, asi que nunca se convenció de ello. Y es que ella creció en una familia de músicos, al parecer eran muy estrictos, bastante rígidos respecto de lo que era la música y la forma de hacerlo, así que la perfección era un requerimiento allí.
Así fue como crecí con la idea de que mi canto no era suficiente, pero a pesar de esto, siempre me recuerdo cantando. Cantaba en casa, cantaba en la bañera, cantaba en todo momento. Cantaba las canciones de mis artistas favoritos, cantaba siempre.
Después al ir creciendo lo dejé un poco de lado, eso de querer ser cantante profesional, pero siempre me gustó así que continuaba cantando en casa. Con el tiempo (mucho tiempo después) me encontré con amistades que eran músicos. En las reuniones con ellos me sentía como “en casa”, era una completa gozadera, disfrutaba demasiado estar ahí, escuchándoles hacer música y participando con ellos al tocar algún ritmo, algún instrumento. La verdad es que siempre quería cantar, pero mi voz no salía, era mucha la vergüenza que sentía de expresar mi voz, quizás por esa memoria de mi infancia de que “no era suficiente”.
Tuve diferentes oportunidades para cantar y colaborar con amistades, esto me emocionaba muchísimo, pero cuando era momento, me quedaba completamente helada, mi voz no salía y toda la emoción, la ansiedad y el miedo entraban al juego, sin permitirme hacer lo que tanto quería: cantar.
El tiempo siguió pasando y me fui enfrentando a mi miedo, pues ese sueño o ese llamado seguía latente, así que por fin (ya en mi joven adultez) tuve clases de canto y mi voz comenzó a salir. Poco a poco a ido abriéndose, la he ido conociendo.
Y cada vez me sorprendo más sobre lo que surge de mi voz. Hace poco tuve una experiencia muy gratificante, un momento que fue de “otro mundo”.
Le llamaré -canalización- pues así le llamo la guía o maestra que tuve en esta sesión. Esta clase o taller llamado “laboratorio vocal” fue algo bellísimo, que por cierto la guió una psicóloga, quien es músico terapeuta, y esto para mi es realmente importante, pues en un momento de mi vida sentí un tremendo llamado por esta disciplina, así que de nuevo aquí siento que la sincronía de la vida se ha presentado ante mi.
Durante un ejercicio todas las participantes estábamos en círculo, comenzamos cantando vocales, sintiendo nuestros resonantes, colocando la mano en cualquier parte del cuerpo que quisiéramos. Después comenzamos a jugar con las vocales y con cualquier otro sonido que nos viniera. Comenzamos a crear un gran oleaje de sonidos, me parecían sumamente poderosos. Los sonidos iban y venían, cada una se permitió expresarse totalmente en plena confianza, cada momento que pasaba las voces tomaban mayor profundidad, conectando con la hermosa emoción.
Llegó un momento en que nuestros cantos eran tan potentes que entré en una especie de trance. Mi voz salía sola y todas empezamos a entrar en un canto similar. El canto era tal, tanto el mío como el de las demás que en algún momento me conectó con una emoción potente, empecé a conectar con un sentimiento de mucha tristeza, sentí tremendas ganas de llorar, algunas lagrimas salieron de mis ojos y mi voz comenzó a quebrarse, tuve que aguardar un momento y respirar, quería seguir cantando… y respiré para traspasar ese sentir. Continué sacando la voz, sacando el sonido que me llegaba.
En un momento dado comencé a “ver” a muchas mujeres tapadas de sus rostros y cuerpos, me llegó esta imagen de forma clara (en ese momento al estar cantando teníamos todas los ojos cerrados), asi que la imagen me llegó en ese instante, las mujeres con sus rostros ocultos donde sólo se podían vislumbrar sus ojos.
Llegó un momento en que sentí como si ellas fuéramos nosotras, o nosotras fuéramos ellas. Nos sentí esas mujeres, cantando con gran profundidad (era como un canto estilo español, pero diferente, solo me viene por ahora esa forma de poder explicarlo) y al mismo tiempo en ese canto. sollozaban por sus vivencias, por lo que estaba ocurriendo. Lloraban entre cantos profundos una gran tristeza, me vino la frase junto con la imagen “mujeres de Paquistán , mujeres Palestinas”. Ellas estaban reunidas y a escondidas cantaban, se reunían a escondidas a bailar… era algo que no podían hacer al aire libre y tenían que ocultarse para hacerlo.
A medida que el ejercicio se iba terminando y la maestra nos guiaba al cierre del mismo, me fui quedando con una sensación de muchas emociones : tristeza, sorpresa, alegría de estar cantando y mucho interés por ese momento tan catártico que vivi. Ese momento fue muy fuerte, nada esperado, pero muy bonito.
Este taller no solo me hizo enamorarme de estos ejercicios, e incluso comenzar a hacerlo de mi propia voz, sino que fue un gran “aha” por lo que se puede hacer siendo musicoterapeuta (como una primera mirada de lo que puede hacer). Lo que viví ahí fue tan bonito que me regresaron las ganas de estudiar eso que hace mucho tiempo pensé que no podía porque necesitaba tocar demasiados instrumentos, pero esta experiencia me hizo ver que no era así.
El canto, la música, el arte sin duda nos puede conectar con aspectos de nosotros mismos, de otros y de un multiverso de posibilidades que poco sabemos de ello, o por lo menos yo. Pero me deja perpleja reconocer que hay mucho por descubrir, hay demasiado por explorar, por liberar y canalizar.
Solo hace falta conectar con ello y dejarse ser, dejarlo salir. El alma va dictando el camino, solo hay que aprender a escuchar el lenguaje del corazón y seguirlo. Ese es el verdadero meollo, dejar a un lado la mente egoica y conectar con la mente iluminada y el corazón consciente.
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