La mente que se aferra

La mente que se aferra a una realidad irreal, se sumerge en sus nubes y sus humos donde no hay más allá. 

La mente que se miente con pensares, pesares, poemas y cuentos, cuando lo real va más allá, cuando lo real es lo único qué hay. Cuando lo real muestra la energía disponible que cada quien aporta. 

La mente que se agrieta con sus propios pensamientos, lo negativo, la ilusión, lo positivo, el sueño, el ensueño… ¿por qué se agarra a lo que no tiene sustento, al sinsentido, a la puerta que no se abre o que no quiere abrir?

Un corazón vacío, puede sentirse así, hecho añicos, sin latir… pero puede que no tenga nada de vacío, porque el amor brota hacia este por todas direcciones. El amor toca su propia puerta y dice “aquí estoy, mira todo lo que he traído para ti, todo lo que puedo hacer, estos regalos que he creado para ti, esta poesía que te canto, ven que te quiero ver, que te quiero hablar, que te quiero decir de frente esto para que no te quede duda”, el amor que brota sincero, real.

La mente que se aferra a lo que no existe más que en la propia ilusión sin que tenga energía propia, sin que sea real lo que visiona.

Y llega un momento en que por fin la mente lo suelta, suelta la ilusión, suelta los pensamientos automáticos, suelta la mentira que se ha creado y se ha dicho a si mismo, o le han contado, quizás conectando con su propia mente, pensando que era la de alguien más. 

La mente que se ahoga a sí misma, que se agota, que se miente, por hacer castillos de aire, de sueños incumplidos, de anhelos tapados con tapujos. La mente debe liberarse a sí misma de la esclavitud, de la mentira piadosa, de su propia humillación. La mente debe aclararse y sustentarse con los hechos, con lo real y que se presenta de frente, valiente, para poder al fin mirar con claridad, mirar al lago en calma y su fondo natural. 

La mente que se suelta y medita va diluyendo la ilusión, la ilusión de sí mismo, la ilusión que ha creado de los demás. Solo allí se puede encontrar la verdad, para dejar de buscar respuestas por fuera, para dejar de buscar donde no existe cuerpo, donde no existe mente, donde no existe corazón, donde no hay alma.

La mente que se suelta es la que se suelta a sí misma, la que navega en libertad, fundiéndose con el todo y con los que se dan vida y quieren compartir vida.

El amor real alivia la mente confusa, le dice “ven que te quiero acariciar”, con ternura, con sinceridad y al mismo tiempo con el respeto que se merece con su verdad, con la verdad entera, con la verdad desnuda donde por fin no queda ni un tapujo por cubrir, porque solo al hablar con la verdad uno puede verse así mismo, solo al encontrar la sinceridad el otro puede ver el reflejo limpio y puede desde ahí, sanar. 

La mente que se aferra no tiene a donde ir, se queda en el olvido, se queda en el quizás, pero se queda volando sin tocar la tierra, sin confiar en la Fe, en su capacidad, porque en un principio y un final, la mente que se aferra contiene un mensaje oculto, un inconsciente, subconsciente integrado con mucha profundidad. Pero no puede quedarse ahí si no hay energía disponible para aquello que se aferra, debe soltar o actuar, según sea lo que está del otro lado. 

La mente debe muchas veces conectar con la paciencia para crear y manifestar sus sueños, pero muchas otras veces lo único que debe hacer es soltar, soltar lo insostenible y permitir que muera la muerte, que se derrumbe lo que no tiene fuerza, ni sustento, ni bases sólidas. La muerte es quizás la mayor de las odiseas, la transformación pulsante y necesaria cuando no hay más que hacer, cuando no se tiene el poder de cambiar lo incambiable, quizás. Cuando la capacidad del cambio no está en las propias manos.

La mente suelta al conocer la verdad, se inclina ante los susurros que desnudan su claridad, el silencio dejó claro todo. La mente se suelta a sí misma. 

Todo puede ser, cualquier realidad puede ser manifestada, las verdades que el ether (a kas ha) susurra están ahí como grandes posibilidades, cualquier cosa que aparece en tu mente podría crearse, pero solo si hay energía disponible, solo si estás dispuesta a hacer el trabajo y solo si, eso es parte de tu “gran plan de vida”. 

La vida es tan misteriosa, que a veces siento que todo se mueve según un gran plan divino, donde existe una gran sincronía constante, pero otras veces siento que uno mismo va creando su propia realidad. Quizás es una gran combinación de ambas cosas. O de muchas más cosas de las cuales no tenemos tan claro, lo único que hay claro es lo que se puede hacer en el presente y de lo que puedes llegar a hacer con las herramientas que tienes y que buscas desarrollar al practicarlas o utilizarlas día tras día. 

Cuando la mente se suelta a sí misma nos encontramos en una nueva dimensión, es la dimensión de las infinitas posibilidades, es la dimensión de la ligereza, de la consciencia, de la claridad. 

Permítete morir, 

Permite que lo que tenga que morir muera,

Deja de aferrarte a la ropa que ya no te queda,

Deja de querer conservar esos tenis viejos llenos de hoyos que además te lastiman,

Conserva lo que te da felicidad, lo que te da energía, lo que te inspira y te hace avanzar,

Rompe las cadenas, rompe los esquemas, suelta la mente, conecta con los pensamientos que te nutren, con el corazón que florece y que late con fuerza, conecta con la poesía, las pinturas, danza y la música que te vibran, con la vida misma y con tu presente que te enseña la energía disponible, los regalos que te llegan y las puertas que se abren.

 Yo soy claridad, yo soy amor, yo soy arte, yo soy meditación, yo soy belleza, yo soy sabiduría, YO SOY.

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