Buena suerte, mala suerte, no sabemos.
Hace poco escuchaba un cuento con mi hija llamado “buena suerte, mala suerte, no sabemos”, yo lo he cambiado a “ya lo descubriremos”.
Y desde ese cuento me he permitido indagar en mi propia experiencia recordándolo y reconociendo su gran sabiduría.
Me he roto el dedo pequeño del pie y aunque lo sentí como “mala suerte” al mismo tiempo, ha sido buenísimo porque he tenido espacios para descansar más, para reposar. Mi hija ha tomado más responsabilidad de cosas que le vienen bien a ella y a mi, y me a ayudado a mi también a estar abierta a pedir ayuda y a darme cuenta que hay mucha gente que me cuida y me quiere. Me he sentido apoyada por amistades, me han consentido y facilitado muchas situaciones, incluso en el avión me han dado prioridad de abordar primero, entonces al final ha sido algo bueno, que ha brindado situaciones positivas.
También me paso, que contraté un curso de algo que me interesaba, pero después pensé que era una inversión que no sabía si realmente necesitaba o quería hacer ¿ese curso es un puente hacia algo que es para mi, o me estoy aferrando a una idea? Al final, aunque el curso me interesaba y me gustó mucho, sentía que era un costo que no quería tener que pagar por tanto tiempo, y que podría mejor utilizar ese dinero para otras cosas. Tenía 7 días para cancelarlo, así que decidí aprovechar esos días para aprender de temas de mi interés. Conté los días y así en el último día decidí por fin cancelarlo… para mi “mala suerte” había contado mal, el último día para cancelar el curso era el día anterior. Me sentí re mal, todo por no hacerlo con anticipación y por mi distracción de no contar bien los días.
Decidí escribirles a los del curso para ver si podrían cancelarlo, muy amablemente me respondieron, algo que me gustó mucho de ese curso porque realmente están ahí presentes, contestan rápido y son atentos. Pero como ya había pasado el plazo, aunque lo intentaron cancelar no se pudo… pero para mí “buena suerte” me ofrecieron poder utilizar la plataforma el doble de tiempo, en lugar de tener acceso un año, tendréis por dos años y además, de solo tener una asesoría, me dieron la oportunidad de tener varias asesorías. Esa situación todavía no se si realmente fue buena suerte o no, porque realmente en este presente no se si ese curso será realmente relevante para mi vida. Lo que si es verdad, es que me sentí bien de que me hayan dado una recompensa por mi descuido. Además de forzarme a mi misma a generar más dinero para poder hacer ese pago y mantenerme tranquila con todo lo demás que quiero hacer el próximo año.
Así también alguien me contaba de una situación “mala” que le había pasado, pero que había desencadenado en cosas realmente buenas.
Nunca sabemos a dónde nos llevará la vida, lo interesante es que lo malo no siempre es malo, lo malo puede ser algo realmente bueno.
La vida nos sorprende a cada instante, esta llena de enigmas que vamos descubriendo en nuestro andar. Dejarnos sorprender es la meta, porque algo que parece mala suerte quizás es el puente que te lleve a algo mejor, tal vez a tu nueva vida, tal vez a una experiencia significativa. Así que la próxima vez que te suceda algo que pareciera que es malo, recuerda esta frase: “buena suerte, mala suerte, ya lo descubriremos”

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