El despojo de la armadura

 El herido que sigue en pie

No es una armadura de guerrero brillante, listo atento para avanzar a hacia su meta, es una armadura de sobreviviente. Cuando has pasado por mucho: finales, decepciones, luchas internas, ese guerrero herido se activa automáticamente: "No bajes la guardia, porque en cualquier momento puede volver a pasar lo mismo". 

¿Qué es esta armadura que no siempre somos conscientes que la llevamos puesta?

¿Qué pasa cuando reconoces que llevas una armadura que no te habías percatado, pero que en el fondo sabes que si te la has puesto?

A veces la armadura es tan antigua y la hemos llevado tanto tiempo que se ha vuelto invisible para nosotros; la sentimos como nuestra propia piel. 

Estas armaduras son medidas de protección, o también llamados mecanismos de defensa. La armadura no esta ahí para dañarte, esta ahí porque en algún momento te hizo falta para no desmoronarte. Es tu mecanismo de defensa ante el dolor que ya conoces y que te da miedo volver a pasar. 

Esta armadura se camufla como "prudencia": A veces llamamos "ser precavidos" o "tener los ojos abiertos" o creer que es mejor ir "poco a poco" a lo que en realidad es una armadura que nos impide experimentar el presente con total entrega. 

La negación del agotamiento es estar siempre alerta y eso cansa. Es la armadura pesando tanto que el cuerpo y el espíritu ya no pueden más. 

Si hoy decides que esa armadura es visible, si te vuelves consciente de ella, ya no puede controlarte igual. Mantenerte con la armadura es como tener una venda en los ojos, porque el miedo a que te lastimen te impide ver que en realidad, en este preciso instante, no hay nadie atacándote, no hay riesgo real. 

Al hacerla consciente, le quitas su poder de decisión. Dejas de vivir desde la defensa y empiezas a vivir desde la presencia. Y ahí es donde aparece el gran Sol, no puedes recibir la luz del Sol si tu cuerpo está cubierto por una armadura de hierro; el metal se calienta y te quema.  

El primer paso hacia la libertad es darse cuenta. 

Cuando una armadura es parte de tu identidad por mucho tiempo, se siente como si fueras "tu". Por eso no la veías: porque la habías normalizado. 

El hecho de reconocer esa armadura, el sentir que te tienes que proteger, o proteger tu corazón de alguien o de algo, es la prueba de que hay un Juicio interior despertando. El juicio es el momento en que cae el velo y ves la realidad sin adornos. Pasas de la defensa inconsciente, a la observación consciente. Pasas de estar "cerrado" a abrirte a la experiencia en su inocencia y totalidad. 

Es natural que al quitarte la armadura, te puedas sentir desprotregidx. Es como salir a la calle sin ropa después de haber vivido años bajo una capa mental. Recuerda: La armadura te protegía de los "golpes" (que estaban en tu cabeza, en ilusiones, o en algo que no es real ahora), pero también te impedía sentir el calor del sol. 

Si sigues en el arquetipo del herido que sigue en pie, con tu coraza puesta, nunca sabrás si eso que está frente a ti es real. 

La vulnerabilidad no es debilidad; es la única forma de conectar auténticamente. La vida pide que te quites el escudo. No puedes fundirte en un abrazo real con otra persona si hay una placa de acero en medio. 

Ok, ok, pero no intentes quitarte toda la armadura de golpe, podría ser un shock para tu sistema. Solo intenta "abrir una rendija". Cuando sientas el impulso de estar alerta, de dudar, de protegerte, solo respira y di: "Estoy a salvo. No necesito este peso ahora mismo, puedo confiar, todo está bien". 

El despojo de la armadura: experimentación. 

No significa dejarse "atacar" ni ser ingenuo o descuidado; significa permitirte ver la realidad sin el filtro del miedo. 

OBSERVACIÓN: Cada vez que sientas la necesidad de "controlar" algo, revisa las acciones, las cosas reales, deja de sobreanalizar o buscar una posible decepción, detente. Pregúntate: ¿estoy protegiéndome de algo que está pasando AHORA, o estoy tratando de prevenir algo que pasó hace tiempo?

RESPIRACIÓN: En lugar de tratar de adivinar qué piensa el otro o qué pasará después, enfócate en qué sientes tú en este momento. Si te sientes bien, disfrútalo sin buscarle el "pero". Si te sientes mal, acepta ese sentimiento sin buscarle un culpable. 

LÍDER: Si al bajar la guardia sientes que te duele o que te falta el aire, no te asustes. No vuelvas a ponerte la armadura de golpe. Simplemente, pon un límite sano. Reconoce que no necesitas armadura porque tu estructura está en tu palabra y autovaloración. Si algo no te gusta, dilo con calma. No hace falta defenderse, solo ser clarx.  

Al hacer este experimento podrías notar tres cosas: 
1. OCURRE LA MAGIA: Al quitarte la armadura, se crea un espacio más suave, sin fricción de las defensas, todo empieza a fluir contigo mismo y con el otro. 

2. OCURRE CLARIDAD: Al quitarte la armadura, te das cuenta de que del otro lado del puente está vacío o no es lo que esperabas. Y eso, aunque duela un segundo, es la victoria final, porque habrás recuperado tu libertad. 

3. OCURRE EL MILAGRO: Al quitarte la armadura, te abres a los milagros, a la expansión de tu consciencia, de tu corazón y de tu camino. Te abres a una nueva energía y por lo tanto, a atraer a una energía en congruencia con ese amor, esa apertura, esa confianza que residen dentro de ti y por lo tanto que se refleja fuera. 

No busques resultados inmediatos. Esto es una transacción, una transición, una transformación, es una reconfiguración de tu ser. Trátate con mucha suavidad; después de haber llevado una armadura por tanto tiempo, los músculos del alma necesitan tiempo para acostumbrarse a la libertad. 

Suelta esa armadura, abre tu espíritu, abre tu corazón, abre tu mente, abre tu cuerpo y confía. 

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