Me fui sanando

Me fui sanando. 

Hay relaciones que llegan para cambiarte la vida, aparecen sin avisar, aunque probablemente tú ya intuías que eso llegaría, o por lo menos lo deseabas porque lo pedías al universo. Y así, de apoco, de abrirse, de confiar y soltarse... te das cuenta que hay relaciones que llegan a tu vida para ayudarte a sanar. 

Nadie es responsable de nadie para su sanación, pero cuando hay amor, disposición y apertura, la sanación se da naturalmente. Al mismo tiempo, cada uno se hace responsable de lo suyo, pero... algunas relaciones son sanadoras por si mismas. Su cercanía, su compartir su "algo" hace que cuando es una relación sanadora, se van sanando mutuamente. 

Y tu te puedes dar cuenta porque te sientes mejor, te sientes más "tu" más libre, más bella, más sensual, más... 



Hay relaciones que llegan a sanarte, a sacarte de la oscuridad que no sabías que estabas. 
Llegan a limpiarte hasta el alma. A encenderte lo que estaba apagado. 


Las relaciones que sanan te embellecen, su sola presencia, el amor compartido, la conexión y lo que surge de esa relación es como una tierra nutritiva, como un aire que se disfruta, como un fuego que se siente como hogar, es como la brisa fresca, como una cascada de limpieza y claridad, como un alimento que te abre a la vida, a la puerta de tu néctar sagrado y al florecimiento de tu ser, es como algo que no ves pero se siente. 

Y en ese momento, en el que lo reconoces... solo se puede agradecer... solo se puede agradecer por esos momentos sagrados, solo queda agradecer porque ese encuentro se haya dado. Solo queda agradecer por esa sincronía y ese destino manifestado. Solo queda agradecer. Solo queda agradecer por esas relaciones sanadoras. 

Gracias, gracias, gracias. 






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