Abrir el corazón

 Abrir el corazón de nuevo significa confiar.

Ayer en mi última clase que guié de yoga, elegí y sentí trabajar con el corazón. Normalmente para mis clases hay de dos sopas: o elijo previamente el tema o espero hasta llegar para “sentir” hacia dónde llevaré clase.  Ha sido muy intuitivo desde hace tiempo porque justamente mis alumnos me han dicho que siempre hablo sobre lo que necesitan escuchar. Por ejemplo, que ese día traían un tema sobre “x” cosa y justo yo hablo de ello. Que me cuenten esto la verdad que me encanta y me parece súper bonito, además me confirma que todos estamos conectados. 

Muchas veces cerramos el corazón por diferentes situaciones, por supuesto que no hay una sola, en este escrito no me enfocaré en eso, sino más bien en reconocer que está cerrado y de la importancia de abrirlo. Porque abrir el corazón implica confiar, confiar ciegamente y reconocer que es mejor vivirse abierto que cerrado ante la vida, las experiencias y las personas. 

Cuando estás frente a una situación o persona que te invita a abrir tu corazón se puede sentir muy vulnerable porque nadie quiere sentirse mal o salir lastimado, pero si no abrimos el corazón uno se siente mal y se siente lastimado, es decir a veces uno quiere poner corazas para evitar problemas, pero internamente se está lastimando así mismo y al mismo tiempo al otro. 

Abrir el corazón implica conectar con la congruencia, de hecho hoy en día existe algo que se llama: las matemáticas del corazón. Es una ciencia que estudia cómo es que la congruencia del corazón ayuda a armonizar los demás órganos, y cómo es que a través de la meditación y la visualización esto también se genera. Entonces si el corazón físico puede hacer esto, quiere decir que la misma emoción tiene un poder súper potente en nosotros mismos. Abrir el corazón, conectar con el amor es un acto puramente sagrado, sanador y de alineación interna. 

La conexión que se da entre las personas es algo místico, mágico y sumamente especial. Abrir el corazón implica entrar en la energía del aprendiz, de reconocerse como estudiante, abierto con curiosidad, con interés y confianza. Implica estar en contemplación sin juicios, porque si un estudiante está aprendiendo algo nuevo y está lleno de juicios, pues es más difícil que la información le llegue claramente, porque su mente estará invadido de tanto, que no existirá esa vasija vacía que se necesita para que pueda llenarse de todo lo nuevo. 

Abrir el corazón implica vaciarse y también implica entregar tu copa llena y confiar en tu propio sentir. Implica ser un estudiante abierto al aprendizaje de sentir y permitirse la reciprocidad, de reconocer que se siente ser y mostrarse auténtica esa interconexión. Muchas veces implica perdonar, soltar y bajar las barreras o incluso romperlas. 

Abrir el corazón es mirarse en un espejo viendo que es lo que el otro te refleja, que reflejo muestra la otra persona y claro, reconocer si ese reflejo te gusta realmente. Abrir el corazón es un acto revolucionario porque implica muchas veces ir en contra de otros pensamientos, de otras personas, del contraste mental que puede tener miedo. 

Abrir el corazón es un acto de valor ante el que dirán o el que diré. Es un acto de experimentación para probar que sucede y así darte cuenta que no pasa nada y que por el contrario, pasa mucho muy bonito, que se siente bien, que se siente mejor de hecho, y que armoniza la mente también, ayudándole a cambiar de perspectiva, ayudándole a salir de sentirse “colgado” “inmóvil” pensando que no se podía hacer nada, cuando en el fondo no exigía realmente ninguna atadura que le privase de esa experiencia, más que la de su propia creencia limitante. 

Abrir el corazón implica entregar tu copa y reconocer si el otro la recibe con ese amor y cuidado con la que tú la entregas, reconociendo la energía del otro, el actuar del otro y también pudiendo ser sincero en si lo que recibes también llena tu copa, pero eso nunca lo sabrás si no te abres. La llave para abrirla está en ti mismo, aunque claro, muchas personas tienen llaves maestras y te ayudan a hacerlo más fácil. 

Abrir el corazón es un movimiento físico, es una elección, es un acto de valor, es un sentimiento de apertura, es una claridad mental. Abrir el corazón es moverse como un estudiante, un aprendiz, abierto a la experiencia, con apertura, interés y curiosidad. Es estar en la presencia contemplativa, es estar con la Sonriza por delante. 

Abrir el corazón es disponibilidad emocional. 

Abrir el corazón es aceptar la vulnerabilidad.

Abrir el corazón es integrar la sombra, dejar de reprimir emociones incómodas como la tristeza, miedo o rabia, para que fluyan y se transformen. 

Abrir el corazón es presencia plena, en el aquí y el ahora sin juicios del pasado. 

Abrir el corazón es soltar la tensión del diafragma y el pecho. Es tener el pecho expandido.

Abrir el corazón implica empatía real, compasión, honestidad radical. 

Abrir el corazón implica reconocer que si en el pasado se te cerró por “supervivencia” como un mecanismo de defensa, el reto de abrirlo consiste en reconocer que esas protecciones que antes fueron útiles, ahora quizás están impidiendo que entre el afecto y la vitalidad. 

Abrir el corazón es un acto de valentía, de permitir que la vida nos toque, aceptando tanto la belleza como el dolor que eso conlleva. Es pasar del modo “supervivencia” al modo “conexión”. 

Abrir el corazón es un acto revolucionario, porque al amor es la fuerza más potente que existe. Es una fuerza de cohesión y expansión.  

Científicamente, el corazón genera el campo electromagnético más poderoso del cuerpo (unas 5,000 veces más intenso que el del cerebro).

El amor es un puente, es transformación, el amor es manifestación. 

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