Niños santos

 Los niños santos que aflojan la voz, que suavizan, que profundizan.

Llevan a entrar en el juego, suave, a entrar en ti a entender otras perspectivas que no habías visto. 

Los niños santos son santos porque te ayuda a ver con más claridad, los colores más brillantes y con mayor transparencia las cosas como son. Así como los niños, simples, sinceros, reales. 

Si buscas respuestas quizá no siempre te las den, tal vez solo te dejen ver lo que hay frente a ti, reconociendo que el recorrido lo haces tú y que no puedes “ver el futuro” para saber el camino a seguir. 

Los niños santos limpian, suavizan y te dan una nueva mirada, más suave, más limpia. 

Las plantas te enseñan, te muestran, te recuerdan el camino, la quietud, la simpleza, el silencio. Pero no te ayudan a transitar el camino, eso lo tienes que hacer tú. Puedes tomar miles de hongos, o de plantas o de lo que sea y te pueden dar miles de visiónes, de entendimientos, de aperturas, pero eso se queda ahí, el reto, el paso real es lo que haces en concreto, lo que integras, lo que actúas, sino solo se queda como una experiencia mística, pero sin real trascendencia. 

Las plantas, las medicinas ancestrales te enseñan cosas, te muestran, pero está en ti en actuar en congruencia. Sino es como tener mucho conocimiento y nunca aplicarlo, de nada sirve saber mucho si no haces nada. Lo importante es bajar a la tierra ese cielo mostrado, lo importante es accionar, hacer, crear, generar, gestar. 

Las visiones pueden estar ahí, la vída te puede mostrar visiónes de muchas formas: con plantas, con meditaciones, con sueños, con canalizaciones, pero si no haces nada con eso solo se quedan como potenciales, como posibilidades, pues ¿hasta qué punto la vida te muestra el destino o te muestra la posibilidad? La vida nos muestra las oportunidades, los potenciales, pero está en nosotros actuar para alcanzarlos, para materializarlos para hacer ese sueño realidad, para integrar lo aprendido. Y seguramente la planta te regale algo, te haga realmente sanción interior, te ayude físicamente, emocional o mental, sin embargo el potencial que te muestra va as allá, te puede dar una parte, pero está en cada uno la capacidad de hacer de eso, lo real, lo tangible, lo terrenal. Bajar el cielo a la tierra. 

Los niños santos me han enseñado desde hace tiempo y lo siguen haciendo, recordándome que mi voz sale más fácil cuando me suelto, cuando simplemente soy, porque humildemente hay que reconocer el propio camino y aceptar lo que es hoy, porque un aprendiz no puede esperar moverse como un maestro, quien ha recorrido un camino más largo. Es como querer lograr posturas avanzadas en yoga cuando casi nunca practicas o si no sabes realmente cómo llegar allí… es como si dejaras de hacer yoga porque tu postura no se ve igual a quienes llevan más tiempo practicándolo. Sería muy triste que alguien deje de practicar yoga solo porque se compara con los demás, porque su postura no luce igual y que prefiera no seguir por vergüenza… cuando lo que realmente lo único que necesita es seguir aprendiendo y practicando. 

Y así uno ha de seguir recorriendo el propio camino, sabiendo que el camino es propio y que cada alma tiene su propio paso, su propio camino. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Intensidad

El llamado a mirar dónde uno pone los pies.

El olvido y los milagros